Ramos Mejía fue un hermoso recuerdo que el Papa Francisco tuvo desde sus tiernos 13 años hasta su fallecimiento el año pasado, a los 88. “Del paso de Jorge Bergoglio por nuestra Casa se conservan registros escolares que lo muestran como un alumno responsable con sus tareas, aunque no todas las materias le resultaran igualmente simpáticas ni consiguiera en todas los mismos resultados”, dicen desde el Vilfrid Baron –hoy más conocido como el “Don Bosco de Ramos Mejía”–, el colegio al que fue Bergoglio durante su sexto grado de primaria, y que hoy se prepara para la llegada del Papa León XIV.
La historia empieza en una casa sencilla en el barrio Flores, con los padres de Jorge Bergoglio, Mario y Regina. Dos personas que heredaron de sus padres una fe que fueron cultivando en el barrio de Almagro, donde se había formado una comunidad de migrantes italianos, atendida por la Congregación Salesiana, en la Parroquia de María Auxiliadora y San Carlos
En el año 1949, un parto difícil dejó a la mamá en una situación de salud frágil y se hizo necesario aliviarla para que pudiera recuperarse bien. Fue entonces que el padre Pozzoli, de la Iglesia a la que iba la familia, les ofreció la posibilidad de que los dos mayores de los 5 hijos ingresaran como pupilos a la Casa Salesiana que la congregación había inaugurado en el año ’30, en Ramos Mejía, mientras la madre se recuperaba.
“La institución estaba a cinco estaciones de tren de donde ellos vivían, entonces no presenta ningún problema. Así fue que en 1949, Jorge, de 13 años, ingresó en 6to grado y su hermano Alberto, en 5to”, cuentan desde el colegio con más de 90 años de historia de La Matanza.
Su paso por esa escuela no pasó inadvertido. Según muestran los documentos, había materias con las que el futuro Papa no simpatizó, a pesar de haber sido técnico químico, profesor de Literatura y de psicología después de esta etapa. Sin embargo, si de algo dan testimonio claro los archivos del Don Bosco de Ramos Mejía, es del entusiasmo que le despertaba la catequesis y todo aquello que se relacionara con su crecimiento en la fe.
El tiempo pasó, y 64 años después el pequeño Jorge se convirtió en el Papa Francisco. Sin embargo, jamás se olvidó de sus raíces argentinas, ni de su historia en Ramos Mejía. En 2020, cuando el mundo sufría la pandemia por el Covid-19, el Vilfrid Baron cumplió noventa años de historia, y con ese motivo, la institución le envió una carta al sumo pontífice pidiéndole su bendición y que les contara algo de su paso por sus patios y aulas.
“Nos resultó especialmente significativo comprobar que los detalles que Francisco destacaba diciendo que habían sido importantes para él – el ambiente alegre, la oración, la cercanía en el trato, la creatividad puesta e juego – eran rasgos clave del carisma salesiano”, cuentan desde el colegio.
En esa carta les dejó saber que fue una Casa en la que se sintió a gusto, donde sus educadores lo conocían personalmente y se interesaban por él. Jorge Bergoglio encontró en el Vfrid Baron, una comunidad a la que pudo sumarse con alegría a pesar de las circunstancias que lo habían llevado.
“Esta Casa pertenece a la Inspectoría salesiana de Argentina Sur, ‘Beato Ceferino Namuncurá’, que ha formulado una propuesta muy interesante para la preparación y la participación de los jóvenes en la visita del Papa León XIV”, explican desde la institución
De esas iniciativas participarán más de 50 jóvenes de esta comunidad, pertenecientes a los grupos juveniles y a la escuela secundaria, acompañados por varios educadores y animadores, confirman desde el Vilfrid Baron.
Fuente: Clarín — Ver noticia original