La empresa estadounidense Westinghouse Electric & Manufacturing Company realizó un impactante proyecto en 1938: enterrar una cápsula del tiempo con más de 1000 objetos característicos de esa época, para desenterrarlos miles de años después.
Esta iniciativa se realizó en Nueva York, en el predio en el que posteriormente se realizó la exposición universal de 1939. En aquel momento, enterraron el recipiente a 15 metros de profundidad, con el objetivo de dejarlo ahí hasta 6939.
Con esta cápsula, buscaban preservar distintos elementos de la civilización del siglo XX para que las generaciones futuras conocieran cómo vivían las personas, cuáles eran sus costumbres y qué tecnologías usaban.
Qué objetos guardaron dentro de la cápsula del tiempo
En total, la cápsula contenía más de 100 elementos seleccionados para representar la vida cotidiana de finales de la década de 1930, según el Bureau International des Expositions.
Algunos de los objetos colocados fueron:
- Una cámara fotográfica de 35 milímetros.
- Un paquete de cigarrillos.
- Una máquina de afeitar.
- Juguetes infantiles.
- Monedas y billetes.
- Semillas de trigo, maíz y algodón.
- Textos y fotografías conservados en microfilmes.
Además, se incluyeron textos de distintos autores, como Albert Einstein y Thomas Mann, junto con otros documentos vinculados con los avances tecnológicos, la ciencia y la cultura.
Estos elementos fueron guardados en un recipiente de 2,3 metros de largo y 22 centímetros de diámetro, fabricado con una aleación metálica llamada Cupaloy, diseñada para resistir la corrosión. En su interior incorporaron un recipiente de vidrio hermético para proteger los objetos del paso del tiempo.
Por qué la cápsula no debería abrirse hasta el año 6939
Los creadores del proyecto eligieron el año 6939 como fecha de apertura para que la cápsula permaneciera enterrada durante 5.000 años desde la Exposición Universal de 1939. De esta manera, buscaban que las generaciones futuras pudieran estudiar los objetos guardados.
En el exterior colocaron una inscripción que pedía expresamente no alterar la cápsula antes de la fecha elegida, ya que hacerlo significaría privar a las generaciones futuras del legado preparado para ellas.
Además, elaboraron un Libro de Registro con información sobre su ubicación, contenido e instrucciones para recuperarla. Se distribuyeron miles de ejemplares en bibliotecas, museos y otras instituciones para evitar que su existencia quedara en el olvido.
En la actualidad, la cápsula original permanece enterrada en Flushing Meadows, Nueva York, a la espera de que llegue la fecha prevista para su apertura.
Fuente: TN — Ver noticia original