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Reescriben la historia precolombina en Mendoza: qué revelan los 60 sitios arqueológicos hallados por el CONICET en la cordillera

CONICET halló 60 sitios arqueológicos incaicos en la Laguna del Diamante, Mendoza. El descubrimiento amplía los límites del imperio y revela un paisaje.
Reescriben la historia precolombina en Mendoza: qué revelan los 60 sitios arqueológicos hallados por el CONICET en la cordillera

Durante más de dos décadas, Víctor Durán y Alejandra Gasco, investigadores del CONICET, recorrieron la zona de la Laguna del Diamante en busca de rastros de la presencia incaica en Mendoza. En ese tiempo encontraron pequeños conjuntos de estructuras circulares, refugios y cerámica, pero nada que anticipara la magnitud de lo que vendría.

Todo cambió en 2022, cuando un mensaje les avisó que unas formas extrañas aparecían en las imágenes satelitales de Google Earth, justo en el sector cordillerano lindante con la laguna. Durán tomó las coordenadas, viajó al lugar y se encontró con una compleja estructura de piedra que parecía responder a la arquitectura incaica. Ese fue el punto de partida de una investigación que hoy suma más de 60 sitios arqueológicos identificados.

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Un hallazgo que corrió los límites del imperio

Hasta ese momento, la interpretación dominante sostenía que los incas habían ejercido un control directo y efectivo sobre el norte de Mendoza, con el río Mendoza como frontera aproximada. Los vestigios del Camino del Inca y los tambos de Uspallata respaldaban esa hipótesis.

Pero las estructuras encontradas en la Laguna del Diamante, asociadas a un paisaje de cerros, cursos de agua y rocas con marcas de rayos, sugerían una presencia que iba más allá del río Diamante y que no encajaba con la idea de un dominio territorial clásico. “¿Qué es lo que estaban haciendo ahí?”, se preguntó Durán, y la respuesta comenzó a tomar forma a medida que avanzaban los relevamientos.

El paisaje como espacio sagrado

Uno de los aspectos más reveladores del hallazgo es la dimensión simbólica del lugar. Los investigadores localizaron más de 20 rocas con marcas asociadas a rayos, algunas de origen natural y otras intervenidas por los incas. Para esa civilización, esas señales eran manifestaciones de Illapa, el Dios del Trueno, una deidad central del panteón andino junto al Sol (Inti) y la Luna (Mama Killa).

“Cuando veían estas marcas de rayos, no veían solamente una marca hecha por el rayo, sino que ellos veían que estaba el rayo mismo en estas rocas”, explicó el arqueólogo. La Laguna del Diamante habría sido considerada una pacarina, un lugar de origen ancestral, y el río que nace en ella, por su forma serpenteante, podría haber sido asociado con Amaru, la serpiente mitológica vinculada con el cielo y la tierra.

En los tres o cuatro años de trabajo, los investigadores registraron un gran círculo de aproximadamente 150 metros de diámetro cerca de la laguna, además de otras estructuras circulares más pequeñas, de 5, 10 y 20 metros, conectadas mediante caminos de tierra. Más de 20 de estas construcciones habrían sido utilizadas para señalar límites territoriales, marcar caminos o medir el tiempo.

Esta última función estaba relacionada con la observación del movimiento del Sol, que permitía reconocer los solsticios y equinoccios y a partir de ellos, regular el calendario agrícola y ritual. También hay caminos de ascenso hacia el volcán Maipo y rocas orientadas hacia los puntos por donde se pone el Sol durante el equinoccio.

La tecnología como aliada

Durán destacó el papel de las imágenes satelitales en el descubrimiento. “Tenemos muchísimo por descubrir. Unos años antes llegamos a sitios arqueológicos a través de imágenes satelitales que te permiten ver lo que antes solamente podíamos ver entrando con una camioneta, caballo o caminando”, explicó.

El investigador recordó que uno de los grandes círculos de piedra estaba en un lugar por el que él mismo había caminado, pero que no había logrado identificar por la perspectiva. “La tecnología hoy día te da nuevas posibilidades y seguramente nos va a permitir a los arqueólogos descubrir cosas que hoy día no hemos visto”, remarcó.

El trabajo interinstitucional y el futuro turístico

Los relevamientos contaron con la colaboración de Gendarmería Nacional, guardaparques de la reserva y la Dirección de Áreas Naturales del Gobierno provincial. Ahora, los investigadores trabajan junto a distintas instituciones para evaluar cómo abrir algunos de estos espacios al público sin poner en riesgo su conservación.

La idea es organizar visitas para grupos reducidos, acompañados por un especialista que explique el valor histórico de los lugares y sumar una exposición virtual en el refugio conocido como El Cilindro. “Nadie se entera de lo que hay, eso no sirve y no es patrimonio. Tampoco es abrirlo y que se destruya en dos temporadas”, advirtió Gasco. El desafío será encontrar un equilibrio entre el acceso público y la preservación de un patrimonio que, según los investigadores, todavía tiene mucho más para revelar.

Fuente: El Destape — Ver noticia original