El músico Cristian “Pity” Álvarez declaró por primera vez este lunes en el juicio que se le sigue por el crimen de Cristian Díaz, el vecino de Villa Lugano asesinado en el barrio Samoré en julio de 2018.
Antes de reconstruir los hechos del día del homicidio, el imputado explicó que necesitaba relatar episodios previos para contextualizar su situación: “Mi vecina, Mari, como le decíamos, me dijeron que murió pero no lo sé. Era una señora que vendía drogas en el barrio Rivadavia y luego al lado mío”.
El relato de los episodios previos
En su exposición, el acusado describió un ataque sufrido en su vivienda por parte de esa misma persona: “Viene la vecina y golpea la puerta. Me pidió sustancias. Le dije que no tenía”.
Sobre la agresión posterior, añadió: “Me tiró alcohol por abajo de la puerta y me tiró un fósforo. Un poco entró dentro de mi casa, pero tenía un secador que no dejaba entrar los fluidos de afuera”.
Ante los jueces, fundamentó por qué rememoraba el hecho: “Me sacaron de mi casa en silla de ruedas. Cuento esto para que entiendan el contexto”.
El inicio del conflicto con la víctima
Posteriormente, el artista detalló el origen del vínculo con Cristian Díaz previo al desenlace fatal: “No estaba en una remisería, estaba como freelance. Le dije si me llevaba, me dice que sí”.
El imputado indicó que llevaba pertenencias de valor e interrogó a la víctima antes de trasladarse: “Me muestra en su cintura una pistola y le dije ‘vamos'”. Finalmente, explicó lo sucedido al llegar a destino: “No tardé más de cinco minutos, creo, pero no sé si estoy en lo cierto. Pude haber tardado cinco, siete o cuatro. Cuando salí, ya no estaba. Me dejó tirado”.
El regreso al barrio y las advertencias
Tras quedar varado, el músico contó que volvió a pie y se encontró con conocidos de la víctima: “‘El Gringo’ se tuvo que ir, nos dejó la mochila”, le dijeron a “Pity” Álvarez, quien afirmó que su única preocupación eran las llaves de su domicilio.
Ante esta situación, el cantante relató su reacción: “Les dije a los pibes: ‘Díganle al Gringo que de esto vamos a hablar, que esto no va a quedar así’. Nunca dije: ‘Le voy a pegar un tiro'”. Luego, recordó que subió a su departamento, constató todo y estaba en orden.
Contexto barrial
“Al vivir en monoblock tiene una contra y una a favor. La contra es que los vecinos saben cuántas chicas entran a tu casa, quién entra, el olor a comida que sale. Por el otro lado llegás y te dicen que llegó tal persona a buscarte”, afirmó y pidió permiso para ir fumar. El magistrado le ofreció agua y Álvarez solicitó un vapeador, mientras que luego el tribunal dispuso cinco minutos de pausa.
Fuente: Crónica — Ver noticia original