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Diego Maradona y su otra pasión: los caballos y el turf

El amor por los "burros", más allá del fútbol. Con el stud "La Bombonera", Diego dejó su legado en las pistas.
Diego Maradona y su otra pasión: los caballos y el turf

Por Ariel Guglielmetti@raguglielmetti

Antes de llenar estadios y levantar la Copa del Mundo, Diego Armando Maradona ya miraba con admiración a los caballos. En Villa Fiorito, su lugar de nacimiento, veía pasar al que su tío utilizaba para vender carbón a diario. Nunca llegó a montarlo, pero aquel deseo infantil de mirar el mundo sobre el lomo de un equino, encontró, años después, otro escenario: los hipódromos de la Provincia de Buenos Aires.

El viernes pasado, Pelusa habría cumplido 66 años. Y mientras el mundo lo recuerda por sus goles y gambetas, hay un capítulo menos difundido de su historia: durante los años 90 fue propietario de caballos de carrera, cultivó amistades entre jockeys y entrenadores y consiguió triunfos importantes con su stud La Bombonera, bautizado en honor al club de sus amores. No era un visitante ocasional: tenía ejemplares propios y seguía con atención sus campañas en las pistas argentinas.

Su primera alegría en el mundo del turf llegó el 18 de enero de 1992, en San Isidro. Midri debutó ganando, nada más ni nada menos, con Jorge Valdivieso en la montura. En el hipódromo estaban Diego, Claudia Villafañe y familiares. El festejo quedó retratado en una fotografía histórica y en una confesión que el periodista Adrián Casaccio recuperó años después: “Yo compré una ilusión, yo vivo ilusionándome”. Maradona decía haber descubierto lo difícil que resultaba ganar una carrera, aún para alguien acostumbrado a decidir finales de fútbol.

Con campo propio

La aventura hípica, sin embargo, no se agotó en los resultados. En su campo del oeste bonaerense tenía caballos criollos y ponis para sus hijas. También reunía a profesionales del turf para compartir asados y partidos de fútbol. En una de aquellas jornadas, según recordó el cuidador Pablo Díaz a la prensa de aquel momento, Diego le hizo un caño a otro cuidador, que se quedó sonriendo. El campeón mundial encontraba allí un grupo con el que podía bromear y jugar, lejos del protocolo de los homenajes.

El mayor éxito deportivo llegó el 18 de noviembre de 1997. Diegol, preparado por Jorge Mayansky Neer y conducido por Juan Jarcovsky, ganó el Gran Premio Joaquín V. González (G1), sobre 1.600 metros en La Plata. Su dueño no estuvo en el hipódromo: siguió la carrera desde su casa de Villa Devoto. Al día siguiente, según recordó el entrenador, compartió un asado con el personal del stud.

Los caballos vinculados con Maradona disputaron 101 carreras y obtuvieron 18 triunfos. Pero los números cuentan apenas una parte. Detrás de aquella chaquetilla azul y amarilla quedó otra imagen de Diego: la del hombre que se emocionaba con una llegada, cultivaba amistades fuera del fútbol y había convertido un sueño de la infancia en una pasión duradera y propia.

La juventud de Diego estuvo rodeada de todo tipi de caballos; un crack en las canchas y en las pistas.

Valdi, el compañero que compartió purasangres y picados

La amistad entre Maradona y Valdivieso nació entre caballerizas y terminó extendiéndose mucho más allá de las carreras. El jockey mendocino, una de las grandes figuras del turf argentino, fue elegido para montar varios de los caballos del “Diez”. Pero también compartieron mesas, partidos de fútbol y hasta la propiedad de un pura sangre de carrera.

Se llamaba Persuasivo Fitz. Juan Carlos Bagó, criador del haras Firmamento, les regaló un caballo para que los tres fueran socios. Ganó cuatro carreras, incluido el Clásico Pedro Chapar (G3) de 1998, en San Isidro. Después fue vendido a los Emiratos Árabes.

El vínculo dejó recuerdos que Valdivieso contó públicamente. Cuando el piloto se quebró tibia y peroné en una rodada de 1994, Maradona se enteró y fue a visitarlo al sanatorio. Años después, el exjockey todavía recordaba la sorpresa del personal ante aquella aparición. También relató una travesura de los jueves de fútbol en Martínez: llamó a Diego para sumarlo sin avisar al resto. El “Diez” entró al vestuario con su bolsito de fútbol ante la incredulidad de los rivales.

La amistad les dejó mucho más que cuatro victorias compartidas.

Hace 30 años: un premio para la historia

El próximo 9 de noviembre se cumplirán 30 años de una fotografía que reunió a dos ídolos argentinos en un mismo escenario. En la plaza de Palermo, Maradona le entregó la copa a Valdivieso, el jockey de Refinado Tom, después de que el potrillo completara la Triple Corona en el Gran Premio Nacional de 1996.

Aquel sábado, Refinado Tom llegó al Derby de 2.500 metros después de ganar la Polla de Potrillos y el Jockey Club. En la recta, Refinado Tom pasó al frente, pero Funny Toy avanzó con fuerza sobre el final. El favorito resistió por apenas un pescuezo: la distancia que separó una hazaña histórica de una derrota inesperada.

Maradona había seguido la carrera desde la Tribuna Oficial, en una mesa cercana al gran ventanal. Según la reconstrucción de lo acontecido hace 30 años, estuvo pendiente de la definición, que tuvo a su amigo Valdivieso como protagonista. Después bajó a la premiación y compartió la celebración con el jinete.

Desde aquella tarde, ningún caballo volvió a conseguir la Triple Corona argentina. Por eso la imagen conserva una singularidad doble: el último triple coronado del país, el jockey que lo llevó a la gloria y el futbolista más famoso de la Argentina, juntos en una misma premiación que quedó guardada en la retina de todos los burreros por siempre.

Diegol, Nob y Cani: los nombres que contaban su vida

Para Maradona, bautizar caballos era llevar a las pistas afectos y todo tipo de recuerdos futboleros. En 1989, como regalo de casamiento, recibió la mitad de una potranca a la que llamó Dalma Nerea, en homenaje a su primera hija con Villafañe. El criador Héctor Del Piano conservó la otra mitad. La yegua corrió una sola vez, sin éxito, y luego fue destinada a la reproducción.

Sus cinco hijos machos llevaron nombres surgidos de la vida del “Diez”: Diegol, Nob, Nico, Guillote y Cani. El primero aludía al propio Diego y fue el más destacado, con seis victorias; Nob recordaba su paso por Newell’s, y Guillote y Cani homenajeaban a Guillermo Coppola y Claudio Caniggia. Nico consiguió dos triunfos. Guillote y Cani nunca llegaron a correr.

También hubo un nombre especialmente íntimo. Midri se llamaba originalmente Reino Imperial, pero Maradona decidió rebautizarlo. Según contó Casaccio, el futbolista explicó que así lo llamaba Claudia Villafañe en privado.

La caballeriza, por supuesto, se llamó La Bombonera y sus caballos lucían los colores de Boca: chaquetilla azul, brazales y gorra amarillos. Entre nombres, colores y resultados, su mundo equino llevaba el sello inconfundible de Diego, el cual atrajo a los hipódromos a un público que siempre miró de lejos a las carreras de caballos.

Sus triunfos según “Crónica”

El archivo de Crónica conserva otra cara de Diego. El 18 de enero de 1992, el diario lo mostró siguiendo el triunfo de Midri en San Isidro. “Maradona ‘salió de perdedor’ con su stud”, anunció el título.

El 22 de septiembre de 1996, Persuasivo Fitz ganó en Palermo. Al día siguiente, Crónica publicó una foto del potrillo luciendo los colores azul y amarillo de La Bombonera.

El tercer capítulo llegó el 18 de noviembre de 1997, cuando Diegol sorprendió en el Joaquín V. González. “Maradona reapareció a puro gol y los dejó mudos”, fue uno de los titulares.

Fuente: Crónica — Ver noticia original