PUBLICIDAD
ARGENTINA Y EL MUNDO · INFORMACIÓN DESDE TODOS LOS ÁNGULOS
Dólar oficialCargando…Venta en pesos
Dólar tarjetaCargando…Venta en pesos
Dólar blueCargando…Venta en pesos
Dólar MEPCargando…Venta en pesos
Contado con liquiCargando…Venta en pesos
Cotizaciones de referencia · Fuente: DolarAPI
PUBLICIDAD
Tu marca
en este espacio
PUBLICIDAD
Tu marca
en este espacio

Una especialista en orden explica por qué tener una casa menos ordenada puede ser beneficioso

Una investigación realizada en Nueva Zelanda mostró que dejar algunos objetos a la vista puede ayudar a organizar la rutina familiar y evitar olvidos. Por qué no siempre es necesario mantener todos los espacios impecables.
Una especialista en orden explica por qué tener una casa menos ordenada puede ser beneficioso

Una casa desordenada suele asociarse con algo negativo: los objetos se acumulan sobre la mesa, las mesadas se llenan de pertenencias y los espacios compartidos cambian de aspecto a medida que avanza el día. Sin embargo, no todo lo que está fuera de lugar representa un problema. En determinadas circunstancias, el desorden puede cumplir una función práctica y hacer que la vida doméstica sea más sencilla.

Esta idea surgió de una investigación realizada en 22 hogares de Nueva Zelanda. El estudio, liderado por Jamal Abarashi, docente de la Auckland University of Technology, mostró que ciertos objetos fuera de lugar y espacios desordenados pueden ayudar a organizar las rutinas, evitar olvidos y mejorar la convivencia.

Mientras la tendencia impulsada por Marie Kondo, consultora japonesa y autora del método KonMari, propone deshacerse de todo aquello que no resulta necesario, los resultados de este trabajo plantean otra perspectiva: dejar algunas cosas a la vista también puede ser una forma de organizar el hogar.

El desorden como herramienta para organizar la vida familiar

El especialista analizó cómo funcionaban distintos hogares y encontró situaciones concretas en las que el desorden ayudaba a resolver necesidades cotidianas. Una pareja, por ejemplo, utilizaba la mesa del comedor para dejar bolsos y pertenencias durante el día, y solo la despejaba por la noche para cenar.

En otro caso, un hombre prefería dejar un objeto sobre la isla de la cocina para no olvidarlo antes de salir. También observó a una madre que permitía que se acumularan juguetes y lápices sobre la mesada, siempre que quedara espacio para comer y trabajar con su hija. “Mientras todavía haya espacio para comer, simplemente lo dejo estar”, explicó Abarashi en un artículo publicado en The Conversation.

En estos casos, el desorden no era sinónimo de caos, sino una manera de adaptar los ambientes a las necesidades diarias de quienes viven en ellos.

Respetar las rutinas y los hábitos: una clave para la convivencia

La investigación también mostró que, en muchos hogares, dejar algunas cosas fuera de lugar era una forma de respetar las costumbres de los demás. Un padre, por ejemplo, prefería que su hija dejara el buzo colgado en una silla en lugar de tirarlo al piso y consideraba ese pequeño cambio como un avance.

En otra familia, una mujer aceptaba que su pareja dejara algunas pertenencias a la vista porque entendía que la casa era de ambos y la organización no debía responder únicamente a sus preferencias.

Estos ejemplos reflejan que mantener un orden perfecto puede entrar en conflicto con los hábitos y las necesidades de quienes comparten un espacio. En ocasiones, tolerar cierto desorden puede favorecer una convivencia más armoniosa.

Cuándo conviene ordenar y cuándo dejar las cosas como están

El estudio no propone abandonar la limpieza ni aceptar cualquier nivel de desorden. Investigaciones previas vincularon la acumulación excesiva de objetos con el estrés y los conflictos familiares. La clave está en distinguir cuándo el desorden cumple una función y cuándo empieza a convertirse en un problema.

Según Abarashi, las familias suelen manejar estas situaciones con tres estrategias principales:

  • Guardar las cosas: cuando los objetos acumulados dificultan el uso de un ambiente.
  • Tolerar el desorden: cuando los elementos a la vista cumplen una función en la rutina diaria.
  • Ocultarlo: trasladar las pertenencias a lugares menos visibles, aunque no siempre se guarden de forma definitiva.

Por ejemplo, una mujer optaba por esconder las pelotas de golf de su pareja debajo de un mueble, mientras que otra prefería dejar sus suplementos diarios sobre la mesada para no olvidarse de tomarlos.

El especialista remarcó que el orden no es un estado permanente: los espacios se desorganizan y se acomodan según las actividades cotidianas. Intentar mantener todo impecable puede llevar a deshacer arreglos prácticos que, aunque parezcan desordenados, resultan útiles para quienes viven en la casa.

“Quizás la mejor medida de un hogar bien organizado no sea cuán ordenado se ve, sino qué tan bien funciona para las personas que viven en él”.

Fuente: TN — Ver noticia original