
El accidente cerebrovascular (ACV) es una emergencia médica que ocurre cuando se interrumpe la circulación sanguínea en una región del cerebro o cuando se produce la ruptura de un vaso sanguíneo cerebral.
En ambos casos, el tejido cerebral puede sufrir daños que comprometen funciones como el movimiento, el lenguaje, la visión y la memoria.
Comprender qué hacer ante sus primeras manifestaciones constituye una herramienta fundamental para reducir el riesgo de muerte y discapacidad.
Por qué cada minuto puede cambiar el pronóstico

El cerebro necesita un aporte continuo de oxígeno y nutrientes. Cuando la circulación sanguínea se interrumpe, las células de la región afectada comienzan a sufrir rápidamente las consecuencias.
Si bien en los últimos años se ha avanzado significativamente en los tratamientos del ACV isquémico, las terapias destinadas a restablecer el flujo sanguíneo cerebral tienen ventanas de tiempo limitadas: en algunos casos, de hasta 4 horas y media y, en pacientes seleccionados, de hasta 24 horas. Sin embargo, incluso dentro de esos plazos, cuanto antes se inicia el tratamiento, mayores son las posibilidades de obtener una buena respuesta.
“Demorar la consulta puede reducir las posibilidades de recuperación e incluso impedir que se puedan realizar determinados tratamientos. Por eso, ante cualquier síntoma compatible con un ACV, es fundamental solicitar atención médica de inmediato”, explica el doctor Santiago Claverie, jefe del Centro de ACV del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro–INECO.
HABRASO: diez años enseñando a reconocer un ACV

En 2016, Fundación INECO, INECO y el Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro impulsaron la campaña de concientización Ganale al ACV: Detectalo con el HABRASO, con el objetivo de acercar a la comunidad una herramienta sencilla para identificar tres de las principales señales de alerta.
La iniciativa contó con la participación de figuras reconocidas y logró una amplia difusión, tanto en Argentina como en otros países. La herramienta es HABRASO:
- HA – Habla: pedirle a la persona que repita una frase sencilla y observar si tiene dificultades repentinas para hablar, pronunciar palabras o comprender lo que se le dice.
- BRA – Brazos: pedirle que levante ambos brazos al mismo tiempo y comprobar si puede mantenerlos elevados o si uno de ellos cae por pérdida de fuerza.
- SO – Sonrisa: pedirle que sonría y observar si ambos lados del rostro se mueven de manera simétrica o si uno de ellos presenta una caída repentina.
Además, existen otras manifestaciones que pueden indicar un ACV, como la pérdida repentina de visión, los problemas bruscos de equilibrio o coordinación y un dolor de cabeza súbito e inusualmente intenso.
La presencia de cualquiera de estas manifestaciones requiere atención médica inmediata. HABRASO es una herramienta sencilla para reconocer algunos de los síntomas más frecuentes, pero no reemplaza la evaluación profesional ni permite descartar un ACV cuando estas señales están ausentes.
Cinco errores que pueden retrasar la atención ante un ACV

1. Esperar a que los síntomas desaparezcan. La recuperación espontánea no significa que el episodio haya sido inofensivo. Esto puede ocurrir durante un ataque isquémico transitorio (AIT), que constituye una señal de alarma y requiere evaluación médica urgente, incluso cuando los síntomas desaparecen por completo.
2. Pensar que, si no hay dolor, no existe una emergencia. Muchos ACV se presentan sin dolor ni pérdida del conocimiento, por lo que la ausencia de estas manifestaciones no debe interpretarse como una señal de tranquilidad.
3. Atribuir los síntomas al cansancio, el estrés o la edad. Aunque existen múltiples causas de dificultades cognitivas o motoras, los cambios neurológicos de aparición súbita deben considerarse una emergencia hasta que un profesional determine su origen.
4. Intentar resolver la situación en el domicilio. Ante la sospecha de un ACV, no se debe administrar medicación por cuenta propia, ofrecer alimentos o bebidas ni esperar a conseguir una consulta programada. Es importante llamar al servicio de emergencias y seguir sus indicaciones.
5. No registrar cuándo comenzaron los síntomas. Conocer la hora de inicio o el último momento en que la persona se encontraba bien puede ser fundamental para que el equipo médico evalúe las opciones de tratamiento.
El ACV no afecta solamente al movimiento

Aunque la pérdida de fuerza o movilidad suele ser una de las consecuencias más reconocidas, el ACV también puede producir alteraciones del lenguaje, la atención, la memoria, la planificación, la conducta y el estado emocional.
Estas dificultades no siempre resultan evidentes para quienes rodean al paciente, pero pueden afectar significativamente su autonomía y su capacidad para retomar actividades laborales, familiares y sociales. La recuperación depende de diferentes factores, como la localización y extensión de la lesión, el estado de salud previo y el acceso a tratamientos de rehabilitación.
“La neurorehabilitación requiere un abordaje integral e interdisciplinario que contemple no solo las alteraciones físicas, cognitivas y emocionales, sino también cómo impactan en la vida cotidiana de cada persona. El objetivo no es únicamente recuperar funciones, sino favorecer la autonomía, la seguridad y la participación, a partir de objetivos individualizados. En este proceso, también es fundamental acompañar a las familias y cuidadores, brindándoles herramientas para apoyar la recuperación sin limitar innecesariamente la independencia de la persona”, explica la licenciada Adriana Fiorino, integrante del equipo de Terapia Ocupacional de INECO.
La prevención también empieza mucho antes de los síntomas

Si bien el ACV puede presentarse de manera repentina, muchos de sus factores de riesgo se desarrollan silenciosamente durante años.
La hipertensión arterial constituye uno de los principales factores modificables. También aumentan el riesgo la diabetes, el colesterol elevado, el tabaquismo, el sedentarismo y determinadas enfermedades cardíacas, como la fibrilación auricular.
Controlar regularmente la presión arterial, mantener una alimentación saludable, realizar actividad física, evitar el tabaco y cumplir con los tratamientos médicos indicados son medidas que contribuyen a reducir el riesgo.
La prevención también adquiere especial importancia en quienes ya atravesaron un ACV o un ataque isquémico transitorio, dado que presentan un mayor riesgo de experimentar nuevos episodios.
A diez años del lanzamiento de HABRASO, el mensaje de Fundación INECO conserva toda su vigencia: reconocer las señales de un ACV y actuar sin demora puede salvar vidas y reducir las secuelas. Porque frente a un accidente cerebrovascular, cada minuto cuenta.
Fuente: Infobae — Ver noticia original