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Los casos de ACV crecen entre menores de 50 años: los factores que suelen pasar inadvertidos y cómo cuidarse para prevenir

Estudios recientes muestran un incremento de diagnósticos en adultos jóvenes. Especialistas explican cuáles controles conviene realizar, cuándo pedir asistencia médica y por qué la rapidez resulta decisiva
Los casos de ACV crecen entre menores de 50 años: los factores que suelen pasar inadvertidos y cómo cuidarse para prevenir

Nunca se debe subestimar la aparición de síntomas de ACV, la consulta médica inmediata es clave (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un accidente cerebrovascular (ACV) puede ocurrir mucho antes de lo esperado. Aunque la mayoría de los casos se concentra en personas mayores de 65 años, los especialistas advierten que los diagnósticos están aumentando entre adultos jóvenes. En el marco del Día Mundial del ACV, que se conmemora cada 29 de octubre, remarcan la importancia de reconocer y controlar los factores de riesgo.

Según la American Stroke Association, cerca de 1 de cada 4 adultos en el mundo tendrá un ACV a lo largo de su vida.

El accidente cerebrovascular ocurre cuando un coágulo bloquea o un vaso sanguíneo se rompe e interrumpe el aporte de sangre al cerebro. La falta de oxígeno puede dañar o destruir células cerebrales. Un dato alentador indica que hasta ocho de cada diez ACV pueden prevenirse si se controlan los factores de riesgo, según la Asociación Estadounidense del Corazón.

Un estudio publicado en The Lancet Regional Health Americas, que analizó la evolución de los eventos cardiovasculares durante tres décadas en 38 países de la región, identificó un incremento de las tasas de incidencia y mortalidad por ACV en adultos de entre 15 y 49 años. El aumento fue más pronunciado en la población femenina.

Una infografía de Infobae detalla las señales repentinas del accidente cerebrovascular y los plazos límite para acceder a la trombólisis y la trombectomía. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La tendencia también fue observada en Estados Unidos. Una investigación publicada en Neurology, que siguió los primeros ACV en personas de 20 a 54 años, registró que la tasa casi se duplicó entre 1993 y 2020, de 33,9 a 62,2 casos por cada 100.000 habitantes, según publicó Infobae el mes pasado.

En Argentina, más de 50.000 personas sufren un accidente cerebrovascular cada año, según datos del Ministerio de Salud de la Nación. Si bien más del 80 % de los casos ocurre en mayores de 65 años, la enfermedad también puede afectar a personas jóvenes.

“A partir de 2015 la curva dejó de descender: empezamos a ver más casos y más muertes, y las mujeres resultaron las más perjudicadas”, indicó Virginia Pujol Lereis, jefa del Servicio de Neurología Vascular de Fleni.

La especialista explicó que varios factores se acumulan a lo largo de la vida. El hábito de fumar, la hipertensión, el colesterol elevado, la diabetes, el sobrepeso y el sedentarismo aumentan el riesgo. Aunque muchas veces se asocian con personas mayores, también están presentes en los adultos jóvenes.

El ACV en jóvenes exige estudios para encontrar causas menos habituales

Además de los factores vinculados al estilo de vida, los médicos consideran que el ACV en personas jóvenes puede tener causas diferentes de las que predominan a edades más avanzadas. Alteraciones de la coagulación, enfermedades autoinmunes, arritmias, consumo de sustancias y disecciones arteriales son algunas de las posibilidades que deben evaluarse.

“En los menores de 50 años, las causas son más variadas. Hay factores clásicos, como hipertensión y diabetes, pero también situaciones menos frecuentes, como algunas enfermedades hereditarias, trastornos de la coagulación o disecciones de arterias cervicales”, explicó el neurólogo Matías Alet, miembro del Centro Integral de Neurología Vascular de Fleni.

El estudio JACARANDA, un registro multicéntrico argentino sobre adultos jóvenes con ACV isquémico, reunió datos de pacientes de 18 a 50 años atendidos en 26 centros del país entre 2015 y 2023. De los 18.934 pacientes incluidos, 1.422 tenían entre 18 y 50 años, lo que representó el 7,5 % del total. “Aproximadamente uno de cada trece ACV isquémicos se presentó en una persona joven. La hipertensión, el tabaquismo y la obesidad fueron los factores de riesgo más frecuentes, y cada vez los encontramos a edades más tempranas”, detalló Alet.

El análisis señaló que en aproximadamente la mitad de los casos no se logró determinar una causa precisa, una situación que subraya la importancia de contar con protocolos diagnósticos completos.

Los controles cardiovasculares permiten detectar problemas que no dan síntomas

El ACV ocurre por la obstrucción de una arteria o la rotura de un vaso sanguíneo, en ambos casos la urgencia médica es máxima (Imagen Ilustrativa Infobae)

La prevención comienza mucho antes de una urgencia. El control periódico de la presión arterial, el colesterol, la glucosa y el peso permite identificar condiciones que pueden no generar molestias, pero que elevan el riesgo de un evento cerebrovascular.

En diálogo con Infobae, Marcelo Rodríguez, director del Departamento de Emergencias del Hospital Universitario Austral, una de las instituciones certificadas por la World Stroke Organization y la Sociedad Iberoamericana de Enfermedades Cerebrovasculares para la atención de ACV, explicó: “Uno de los principales motivos por los que las personas jóvenes no realizan controles cardiovasculares es la creencia de que, por su edad, están sanas y no corren riesgos”.

Rodríguez señaló que la hipertensión, el colesterol elevado y el sedentarismo pueden no provocar síntomas al comienzo, pero son detectables en un examen de salud. También remarcó que la calidad del sueño incide en la salud cardiovascular y cerebrovascular, y que la prevención puede retrasar o evitar la aparición de un ACV.

En ese sentido, Natalia Balian, jefa de Enfermedades Cerebrovasculares del Servicio de Neurología del Hospital Italiano, advirtió que entre las personas jóvenes persiste la idea equivocada de que la edad las protege de este tipo de eventos.

“Aunque el ACV es más frecuente a medida que aumenta la edad, también puede ocurrir en personas jóvenes. Hoy sabemos que factores como la hipertensión arterial, el colesterol elevado, la diabetes, el tabaquismo, el sedentarismo y el consumo de determinadas sustancias pueden aumentar el riesgo desde edades tempranas”, explicó a Infobae.

La especialista agregó que los controles deben adecuarse a la edad, los antecedentes y las características de cada persona. “No todos los jóvenes necesitan los mismos estudios ni con la misma frecuencia; el objetivo es realizar una evaluación clínica adecuada y evitar tanto la falta de controles como los estudios innecesarios”, sostuvo.

Este gráfico de la American Stroke Association detalla los seis signos clave de un accidente cerebrovascular (ACV) mediante el acrónimo R.A.P.I.D.O. para reconocerlos y actuar rápidamente. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Reconocer un ACV y pedir ayuda sin demoras es clave para el tratamiento

El ACV puede manifestarse con debilidad o adormecimiento de un lado del cuerpo, dificultad para hablar o comprender, alteraciones visuales, pérdida del equilibrio o dolor de cabeza intenso y repentino. Ante cualquiera de estas señales, es importante llamar al sistema de emergencias.

Balian remarcó que los jóvenes también deben aprender a identificar las señales de alarma: dificultad repentina para hablar o comprender, pérdida de fuerza o sensibilidad de un lado del cuerpo, desviación de la boca, alteraciones visuales, problemas importantes de equilibrio o un dolor de cabeza súbito e inusual.

“Ante cualquiera de estos síntomas, hay que solicitar atención médica de emergencia inmediatamente, incluso si desaparecen a los pocos minutos. No hay que esperar a ver si se pasan ni automedicarse”, afirmó la especialista del Hospital Italiano.

En el ACV isquémico, la trombólisis intravenosa puede administrarse dentro de las primeras 4,5 horas desde el inicio de los síntomas. Rodríguez explicó a Infobae que acudir a un centro preparado para tratar ACV permite evaluar la indicación de trombólisis o trombectomía y activar un equipo multidisciplinario. Según detalló, en esa atención intervienen profesionales de emergencia, neurología, terapia intensiva, enfermería y rehabilitación. En todos los casos, la recomendación es llamar de inmediato al sistema de emergencias y no trasladarse por cuenta propia.

La doctora Pujol Lereis remarcó que la organización de una red de atención resulta determinante: “No alcanza con que exista un tratamiento. Es necesario que las personas puedan llegar rápido a un hospital que tenga los recursos, los equipos y los profesionales capacitados para aplicarlo”.

Un dolor de cabeza inusual, dificultad para hablar o pérdida repentina de fuerza pueden ser señales de una emergencia, incluso en adultos jóvenes (Imagen Ilustrativa Infobae)

La especialista advirtió que persisten diferencias en el acceso a estos servicios entre ciudades grandes y otras regiones del país. “El desafío es que los tratamientos estén disponibles para todos, independientemente del lugar donde vivan”, sostuvo.

La prevención y la rehabilitación también forman parte del cuidado posterior

Superar la etapa aguda no siempre implica volver de inmediato a la vida cotidiana. Las secuelas físicas, cognitivas y emocionales pueden afectar la autonomía, el trabajo y los vínculos, incluso en personas jóvenes.

“Hay pacientes que recuperan su movilidad, pero quedan con dificultades para concentrarse, para manejar emociones o para retomar sus actividades. La rehabilitación tiene que contemplar todas esas dimensiones”, explicó Alet. La detección temprana de los factores de riesgo, el inicio rápido del tratamiento y la rehabilitación posterior son partes de una misma estrategia.

Para los especialistas, el aumento de ACV entre adultos jóvenes refuerza la necesidad de incorporar el cuidado cardiovascular desde edades tempranas.

Fuente: Infobae — Ver noticia original