
“Hoy se pueden exportar montos grandes en pequeños bultos sin tener que recurrir a la gestión de un despachante para realizar los permisos de embarque”. Con más de una década entre importaciones y exportaciones, Nerina repasa los desafíos de mover maquinaria hecha a medida, el crecimiento de Rosario como puerta de salida y las herramientas para competir en un mercado abierto.
Pasaste diez años importando y hoy estás del lado de la exportación. ¿Qué cambia cuando se pasa de comprar afuera a vender afuera?
Te da un panorama general. Cuando venís de importar ya sabés lo que necesita la otra parte en documentación, incoterms y negociaciones. Pero en sí es prácticamente lo mismo: estás continuamente organizando, planificando y coordinando con las distintas áreas de la empresa y con los despachantes.
Cambia la visibilidad, pero en lo que respecta a logística sabés cuáles son las prioridades del otro lado. También sabés que la documentación tiene que llegar de determinada manera para que no haya complicaciones. Para los argentinos nacionalizar la mercadería es más complejo, así que no es vendo y me olvido: hay que hacer lo posible para que el cliente no tenga problemas al nacionalizar.
Las máquinas que se exportan no son una mercadería común. ¿Qué desafíos logísticos implica exportar equipos de gran porte hechos a medida?
Son máquinas de grandes dimensiones y todas están hechas a medida de cada cliente. No es como en otros rubros, donde se pueden hacer grandes compras y estoquearse de mercadería para seguir produciendo. Acá todo es tan preciso y tan puntual que no permite una gran proyección de compra hacia el exterior.
Quizás hoy se empezó a producir y faltó un cablecito que se encuentra en China, y ese cablecito puntual tiene que estar. Por eso muchas veces no se puede usar la importación temporaria, que sería un gran beneficio, porque permite traer insumos para la producción sin pagar aranceles. Y en la salida, todo se mueve con grúas, en grandes contenedores o, si no, en camiones.
Con la apertura de las importaciones y la desregulación, ¿cómo se compite, sobre todo frente a los productos asiáticos?
Ahí está donde todo empresario tiene que poner la vista: simplificar los costos. Hacer importaciones temporarias para después producir te hace más competitivo si podés planificar las compras con tiempo, aunque el régimen es más complejo. Y la apertura generó un gran movimiento: se busca todo el tiempo minimizar costos, tanto en la materia prima como en lo logístico.

Operando desde la provincia de Santa Fe, ¿qué diferencia hay entre salir por un puerto u otro?
Hace muchos años se puso en marcha el puerto de Santa Fe, donde hubo varios proyectos, como uno en el que las barcazas bajaban hasta otra terminal y de ahí salía la carga. Pero la mayoría de las empresas de la zona suele trabajar por Rosario o por Buenos Aires.
Hoy Rosario creció muchísimo en comercio exterior. La mayoría de las navieras ya tiene dos o tres líneas que llegan hasta ahí: todo lo que viene de China baja por Brasil y desemboca en Rosario. No es mucha la diferencia de días con Buenos Aires, pero es mucho menos complejo en terminales portuarias y, obviamente, en costos logísticos.
¿Qué cambios recientes destacarías en la operación de comercio exterior?
Uno de los últimos cambios es el de la exportación simplificada sin tope de dólares. Antes, si exportabas 3150 dólares, ya pasabas al régimen formal. Hoy se pueden exportar montos grandes en pequeños bultos sin tener que recurrir a la gestión de un despachante para realizar los permisos de embarque.
También está la nueva propuesta del BL digital, que es un gran cambio. Y la pandemia fue un gran desafío, pero ahí se comprobó que el comercio exterior sigue funcionando y que se puede trabajar online como si estuvieras en la empresa.
¿Qué lugar ocupa la inteligencia artificial en la operación de comercio exterior?
En mi caso la uso poco, porque las máquinas llevan mucho tiempo de producción y no es un movimiento continuo. Pero sí la uso muchísimo para estadísticas, sobre todo de costos y de los países a donde se exporta habitualmente. También la uso para definir a qué darle más importancia al preparar la documentación.
Para las grandes empresas, con mucho movimiento, es fundamental. Hace poco vi una aplicación para seguir los envíos sin abrir una por una las páginas: ya sabés dónde está el buque. Yo soy muy de hacer los seguimientos, no espero que el forwarder me indique dónde está la mercadería. Simplifica muchísimo el trabajo.
Con todo lo aprendido en estos años, ¿qué consejo le darías a una pyme que se anima a importar o exportar?
Lo principal es apoyarse en los despachantes. El despachante es tu mano derecha: es al primero que le tenés que consultar si una idea es viable, si se puede o no se puede, porque la palabra mayor la tienen ellos. Después se charlan los honorarios, pero lo primero es la confianza, y la comunicación tiene que ser fluida.
Y no tener miedo a intentarlo, porque de todo se aprende. El comercio exterior es muy dinámico: hoy la mercadería llega en tiempo y forma, y mañana pasa un tsunami y las tarifas se van por las nubes. Es un trabajo conjunto de compras, administración, bancos, despachantes y forwarders, que ayudan a buscar mejores rutas y costos.
Haber trabajado en importación y exportación da una visión mucho más global, con la cabeza abierta a todos los posibles problemas. Argentina es muy cambiante. Por eso hay que tener todo ordenado, porque cambian las reglas de juego y hay que buscarle la vuelta para que cada operación salga de la mejor forma.
Fuente: Infobae — Ver noticia original