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Baja del deseo sexual: por qué cuesta hablar de lo que pasa en la intimidad

Es uno de los temas que más cuesta poner en palabras, según un relevamiento. Cómo influyen el cansancio, las exigencias cotidianas y los desencuentros en la pareja.Por qué tener menos ganas no siempre significa lo mismo.
Baja del deseo sexual: por qué cuesta hablar de lo que pasa en la intimidad

Un relevamiento entre 2.500 personas ubicó al bajo deseo sexual entre los temas que más cuesta hablar: el 28% de quienes participaron de una encuesta virtual realizada en septiembre lo señaló como un tema tabú en salud mental.

El estudio también indagó qué dificulta hablar de un malestar emocional. Un 39% mencionó la sensación de estar molestando a los demás, un 25% pensó que nadie lo iba a entender, un 24% señaló el miedo a ser juzgado y un 12% apuntó a la falta de tiempo y al ritmo acelerado de la rutina. Aunque estas respuestas no se refieren solo a sexualidad, permiten poner el foco en una dificultad más amplia: encontrar espacios para hablar de lo que nos pasa.

“El estrés y las dificultades económicas pueden tener un impacto muy fuerte en el deseo; el deseo no funciona aislado de las condiciones en las que vivimos”, explican los psicoanalistas Ornella Benedetti y Santiago Silberman, creadores del podcast Mejor Hablar y fundadores de RedPsi, a partir de los resultados del Observatorio de Salud Mental de esa comunidad.

El cansancio y las exigencias se meten en la intimidad

Benedetti y Silberman señalan que el deseo está ligado a las condiciones en las que vivimos. Las preocupaciones económicas y laborales pueden traducirse en cansancio, irritabilidad y problemas para dormir, además de generar conflictos dentro de la pareja. Todo eso puede reducir la disponibilidad para el encuentro con el otro.

Los psicoanalistas retoman, además, las ideas del filósofo Byung-Chul Han sobre una sociedad atravesada por la productividad, el rendimiento y el agotamiento, donde “incluso el descanso puede sentirse como tiempo perdido”.

Bajo esa lógica, la intimidad puede quedar relegada frente a las obligaciones cotidianas. “Vivimos exigidos a producir, resolver, optimizar y aprovechar el tiempo todo el tiempo. Y el deseo necesita algo que esa lógica deja cada vez menos disponible: tiempo, cierta pausa, detenerse”, señalan Benedetti y Silberman.

Por eso, los especialistas proponen no pensar la baja del deseo únicamente como un problema individual o de pareja. “A veces también dice algo de una época que nos exige tanto rendimiento que deja cada vez menos espacio para desear”, plantean.

“En esta época vemos muy marcada la exigencia de ‘tener que desear’, y eso obtura el deseo en vez de potenciarlo”. Además, dicen a Clarín, “hay que ser feliz con lo que hacés; está instalada la idea de la ‘happycracia‘. Y todas estas exigencias van en contra del deseo, porque lo condicionan tanto que no dejan lugar para que realmente aparezca. Y esto sucede en todos los aspectos de la vida”.

“¿Cómo vas a disfrutar y a relajarte, a pasarla bien, si los encuentros se miden en calidad? La gente se siente muy evaluada”, señalan Benedetti y Silberman.

“Vemos que si bien ahora hablamos de salud mental mucho más que en otras épocas, hablar de lo que nos pasa ayuda y es necesario, pero no trae una mejoría inmediata como muchos esperan. Y creemos que tiene correlato con un apuro generalizado a ‘estar bien’; vemos que a las personas les cuesta detenerse a sentir, hacer una pausa y transitar la incomodidad o la angustia. Hay un impulso a tapar la emoción que incomoda”.

“Muchas veces la conexión con la emocionalidad no tiene lugar, no lo permitimos, y por eso también es esperable que cueste conectar con el deseo”, concluyen.

Fuente: Clarín — Ver noticia original