
“Después de los años 70, América Latina se convirtió en el territorio del sueño no cumplido, del futuro trunco.” Con esa frase, Mariana Enriquez planta la semilla de Conversación con la oscuridad, el ensayo de 272 páginas que la editorial Páginas de Espuma publicará en la Argentina en noviembre y en el que la autora desarma su propia poética del terror para trazar cartografía crítica del horror contemporáneo en la región. El volumen tiene como subtítulo Teorías, intuiciones y escritura del miedo.
En el ensayo, Enriquez desmonta los tropos clásicos del género —espacios, tiempos, subjetividades, cuerpos— y los relee bajo la lente de lo siniestro latinoamericano. No hay castillos medievales ni brumas anglosajonas: el escenario es el conurbano bonaerense, las tecnologías obsoletas, la biopolítica de la desaparición forzada y el transhumanismo corporativo.
La propuesta central es lo que Enriquez llama una “teoría situada del espanto”: el horror no irrumpe como fenómeno sobrenatural importado, sino que decanta de los traumas históricos, políticos y sociales del Cono Sur. “El terror nace del realismo porque parte de algo reconocible, verosímil, que empieza a distorsionarse hasta volverse inquietante, amenazador”, escribe. “No hay interés en un universo completamente inventado; lo que importa es ese momento en que lo que ya está ahí se corre un poco y deja ver esa otra capa de realidad, en un movimiento espacial antes que sobrenatural”.

Enriquez, nacida en Buenos Aires en 1973, traza en el ensayo una línea divisoria entre su generación y la del boom latinoamericano. “Los escritores del boom escribían para una Latinoamérica que se creía con razones históricas en el umbral de una transformación. Era una literatura muchísimo más confiada, que describe una Latinoamérica más integrada y expectante. Incluso cuando es oscura, tiene cierta vitalidad: la convicción de que lo que se está narrando tiene un afuera posible”, escribe. Frente a esa tradición, la suya se planta en otra coordenada: “El fracaso y la degradación de esa fe colectiva se expresa en una literatura llena de paranoia y oscuridad, en la que lo real y el presente conviven con los espectros de un pasado que nunca está muerto, que ni siquiera es pasado”.
La autora se encarga de marcar la diferencia con el realismo mágico de esa generación anterior: “El realismo mágico posee una naturaleza optimista que no tiene el gótico”, sentencia. Y es ese gótico latinoamericano —sin el optimismo, sin la promesa de transformación— el que vertebra el volumen.
Una obra que ya desbordó la literatura
Conversación con la oscuridad no llega aislado: se apoya en la trayectoria de una autora cuya obra de ficción ya funciona como referencia ineludible del género. Enriquez ganó el Premio Herralde de Novela en 2019 por Nuestra parte de noche, obtuvo el Premio de la Crítica ese mismo año y en 2024 recibió el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso. Su colección Un lugar soleado para gente sombría se llevó el World Fantasy Award a la mejor colección en 2025, y Los peligros de fumar en la cama llegó a la shortlist del Premio Booker Internacional en 2021. Sus libros se han traducido a más de 30 idiomas.

Pero el universo Enriquez ya no se limita a la página impresa. La película La virgen de la tosquera, dirigida por Laura Casabé y basada en dos cuentos de la escritora, fue elegida para representar a Argentina en los Premios Goya en la categoría Mejor Película Iberoamericana. El cineasta chileno Pablo Larraín prepara una miniserie de cuatro capítulos basada en “Mis muertos tristes”, uno de los relatos de Un lugar soleado para gente sombría, con Mercedes Morán y Dolores Fonzi como protagonistas. Y su obra también llegó a Netflix, con una adaptación que confirma el salto de su literatura al audiovisual masivo.
La grieta entre lo que está y lo que ya no está
El ensayo se inscribe en la colección Voces/Ensayo de Páginas de Espuma. En sus páginas conviven la alta teoría, la cultura popular, el cine y el true crime para sostener una tesis incómoda: que la literatura de terror es el único lenguaje honesto para testimoniar que los muertos no descansan.
La propia autora, radicada en Australia, lo definió como un trabajo donde “se articula lo que vengo pensando hace veinte años acerca de escribir terror en América Latina, y de cómo el terror en la literatura argentina se articula con la política, con la sociedad, y con otras ficciones de género”.
La presentación será el viernes 27 de noviembre a las 18h en ArtLab (Roseti 93), con la compañía de la escritora y editora Ana Wajszczuk. La asistencia requiere confirmación previa.
Fuente: Infobae — Ver noticia original