Casación acaba de unificar Hotesur y Los Sauces, echando por tierra casi dos décadas de esfuerzo de las defensas de la familia Kirchner por desdoblar, fragmentar y entorpecer las investigaciones en su contra. Esto sucedió apenas días después de que Máximo Kirchner recorriera los medios de comunicación, encabezara un acto en Chaco por el 17 de octubre y se anunciara una posible fórmula presidencial con él acompañando a Sergio Massa, que éste implícitamente respaldó al visitar a Cristina en su domicilio-prisión.
La secuencia temporal puede hacer pensar a los incautos o los fanáticos que la Justicia está practicando una vez más el lawfare contra los líderes del pueblo: acelera contra los Kirchner cuando estos salen a buscar respaldo electoral, afectando así sus derechos democráticos, y por extensión, los de toda la ciudadanía.
Pero la secuencia causal en verdad es la inversa. Y como no es la primera vez que sucede, ya no cabe atribuirlo a una casualidad: hay una estrategia de los Kirchner de postularse a cualquier cosa, aunque sea con las fórmulas y compañías más inverosímiles, para simular que existe la mencionada “amenaza a los derechos democráticos”, cuando en verdad nada de eso sucede, y lo que sí existe es una operación artera y destructiva para deslegitimar a los tribunales y a la propia democracia.
Veamos primero los antecedentes. El 2 de junio de 2025, CFK anunció algo que, en principio, sonó delirante, casi humillante para una persona con su recorrido y pretensiones: se postularía a legisladora bonaerense por la tercera sección, es decir, por La Matanza, lugar que desprecia más que nada en el mundo, como ya nos hizo saber oportunamente, en las listas que Unión por la Patria estaba por presentar para la votación de septiembre de ese año.
Apenas días después, el 10 de junio, la Corte dejó firme su condena por Vialidad, que incluía la pena de inhabilitación perpetua. Los militantes de La Cámpora y el periodismo afín saltaron indignados: ¡Qué casualidad que, cuando se lanzaba a la arena electoral, los poderosos se interpusieran en su camino! Y reclamaron indignados que se le permitiera candidatearse “para que la gente decidiera”, “democráticamente”, si debía o no volver a ser representante del pueblo, y también, ¿por qué no?, si era inocente o culpable.
¿Qué se buscaba con este artificioso enredo entre el proceso judicial y el electoral? Plantar la ilusión de una “voluntad del pueblo” que había sido acallada, y aunque en las encuestas tampoco arrasara el “fallo” de su “inocencia”, se instalara la discusión en ese terreno, para hacer pesar un resultado menos lapidario que el de los tribunales, y siguiera entonces abierta la polémica sobre las responsabilidades de la expresidenta en la trama de corrupción.
Al mismo tiempo, ella se aseguraba que los votos del peronismo, al menos los de PBA, o de mínima los de La Matanza, le siguieran perteneciendo. Todos objetivos que creía poder lograr aunque, como era de esperar y finalmente sucedió, los tribunales y el propio peronismo ignoraran su pretensión de candidatearse.
¿Es que Cristina desconocía el 2 de junio de 2025 que la Corte estaba por tomar la resolución que se conocería ocho días después? Es ingenuo pensar que no tuviera ningún preaviso al respecto. Como es iluso pensar también que al arrancar el mes de octubre de este año madre e hijo no se vieran venir el fallo de Casación que iba a demoler la estrategia de sus defensores. Y que no usaran preventivamente esa información para recrear la “escena de la proscripción”, en este caso en beneficio principalmente del hijo.
Máximo figura como acusado en la ahora reunificada causa Hotesur-Los Sauces porque participó activamente de las operaciones que la Justicia sospecha le permitieron a su familia lavar dinero de la corrupción. Al menos en la época en que él firmaba cheques sobre estrafalarias consultorías, ventas y reventas infladas, hechos de los que su madre debería estar eternamente arrepentida, y por los que cualquier progenitor se sentiría profundamente avergonzado ante sus hijos. Y que el mismo Máximo ha reconocido “pueden haber sido inmorales, aunque no ilegales”.
El Tribunal Oral 5 va a determinar si fueron las dos cosas. Cuando estudie cómo fue que Lázaro Báez le prestó a los Kirchner millones de dólares, de la montaña de dólares que recibía por sus contratos de obra pública en Santa Cruz, para que estos compraran hoteles; y por qué luego él les alquiló esos hoteles, por montos increíbles, para llenarlos de empleados de su constructora, mientras trabajaban en obras que se realizaban a 500 kilómetros de distancia, pagando religiosamente los alquileres cada vez que recibía una nueva partida del presupuesto público. Por obras que encima en muchos casos ni se concretaron.
En Breaking Bad al menos Walter White y su familia hacían el esfuerzo de levantarse todas las mañanas para abrir el lavadero de autos, pararse detrás del mostrador y atender con una sonrisa y un pinito desodorante a los pocos clientes de carne y hueso que pasaban efectivamente por su negocio. En este caso, ni eso.
Y la otra diferencia que separa a los White de los Kirchner es que, al final del camino, el jefe de familia de aquellos se hizo cargo del muerto, y pagó las consecuencias. Tal vez por un resto de humanidad. Más probablemente porque la parentela, incluida la que había actuado en ocasiones como cómplice, no aceptaba seguir apañándolo. Nada que ver con lo que sucede entre los Kirchner, o en el peronismo.
En este caso porque pareciera no se hacen problema, más que en mínima medida y en un sector acotado y disperso: tal vez porque sigue predominando la idea de que su versión de la historia se va a terminar imponiendo a la que, solo de momento, predomina en la Justicia. Y se cree que ni Los Sauces-Hotesur ni ninguna otra causa va a cambiar ese destino, porque la máquina peronista siempre termina imponiendo su relato.
De allí que para el grueso de la dirigencia de ese partido no sea motivo de preocupación que sus estrategias electorales y las principales candidaturas se utilicen reiteradamente como piezas de la estrategia judicial de la familia Kirchner, instrumentos supletorios, a falta de pruebas y testigos, para que dos o tres personas busquen zafar de la cárcel, del escarnio público y del ostracismo político.
Así que tendremos seguramente una nueva campaña electoral en que uno de los temas centrales será la culpabilidad o inocencia de los Kirchner, la solidez de las causas en su contra, sus derechos electorales y el grado de afectación que sufren tanto ellos como “la legitimidad democrática”. Más todavía porque esta vez sí el encausado, Máximo, va a ser candidato. Si no a vicepresidente, lo que realmente fue una ridícula exageración, al menos a diputado nacional. Dado que se le vence el mandato, y lo último que debe querer es tener que compartir, dentro de un tiempo, el piso de San José.
Tan potente es esta inercia y autoconfianza en el peronismo que hasta Axel Kicillof, que venía tratando de mantener distancia en estos asuntos, se está rindiendo poco a poco a lo inevitable: en su acto del 17 de octubre se refirió enfáticamente a la inocencia de Cristina y la supuesta persecución que viene sufriendo, cosa que no había hecho en las previas convocatorias del Movimiento Derecho Al Futuro, y a continuación se volvió a reunir con Máximo y Massa, tras meses de esconderles el bulto, supuestamente para acordar posiciones sobre las PASO, pero más probable para empezar a acordar candidaturas.
Así que las cosas pintan hasta al revés de lo que se podría haber pronosticado tiempo atrás, considerando el volumen de las pruebas que existen contra la familia: a más citaciones a los tribunales le sigue más protagonismo político de los acusados y menos autonomía de los compañeros de ruta.
Que Kicillof se esté rindiendo ante esta lógica puede ser la evidencia que faltaba para confirmarnos que en las próximas elecciones la oferta peronista va a ser más kirchnerista que nunca. Pese a que hay un montón de motivos para pensar que esa dista de ser la mejor fórmula para dejar de empujar votantes en brazos de Javier Milei.
Pero tal vez sí lo sea para gestar una derrota que de una buena vez aleccione a esa fuerza sobre la necesidad de empezar a soltar algo de todo el lastre que acumula.
Fuente: TN — Ver noticia original