
La quiebra del Aquarium de Mar del Plata, de la que Infobae había informado en agosto pasado cuando la administradora judicial asignó precio a los cuatro pingüinos saltarines que quedaban en el lugar, se cerró esta semana con la firma del juez Eduardo Maulde a la resolución que acreditó la venta de los ejemplares a Acuario Vallarta S.A., de Puerto Vallarta, México, que pagó USD 10.000 por cada uno de los cuatro ejemplares, también conocidos como “saltarines de las rocas” y cuyo nombre científico es Eudyptes chrysocome.
Se cerró así un capítulo de iniciado en marzo de 2025, con la quiebra de Plunimar S.A., la firma que durante más de tres décadas gestionó el Aquarium marplatense. Más de 60 animales que lo poblaban quedaron en una suerte de limbo, pues la Justicia quedó a cargo de definir su destino.
La sindicatura designada para administrar la quiebra y liquidar los bienes de la empresa presentó entonces un informe en el que asignó un valor concreto a cuatro de esos animales: los pingüinos saltarines, tasados en 40.000 dólares, que finalmente fueron exportados el pasado 7 de octubre. La tarea pendiente de la sindicatura es resolver la suerte de los doce empleados que aún trabajaban en el predio de nueve hectáreas y devolver el lunes 2 de noviembre a Cabo de las Corrientes S.A., la empresa propietaria.
Los pinguinos fueron supervisados por personal remanente del ex Aquarium y entregados a empleados Intermodal Logistics Service S.A., empresa de transporte y logística internacional encargada de entregarlos al comprador mexicano.
La quiebra del Aquarium
El Aquarium cerró en marzo de 2025 y el éxodo de animales se inició con la venta de diez delfines “nariz de botella”, de mucha más alta cotización que los pingüinos: los compradores egipcios pagaron por ellos 800.000 dólares. A eso siguió el traslado de cuatro lobos marinos, que siguen habitando la costa atlántica: su destino fue Mundo Marino, en San Clemente del Tuyú. También se concretó la relocalización de 43 pingüinos magallánicos y dos pingüinos rey.

Los cuatro ejemplares de pingüino cuya venta cierra el proceso judicial habían sido evaluados por la sindicatura, encabezada por Andrea Alejandra Hoff, en $56,8 millones, cifra equivalente a USD 40.000 al entonces tipo de cambio de $1.420 referido en el documento. Esa tasación los incorporó formalmente al patrimonio a liquidar para saldar las deudas de la empresa. Pero si no aparecía un comprador, la cifra desaparecía del cálculo y no habría ingreso que recuperar.
El cierre del Aquarium fue el punto de partida de todo este proceso. En marzo de 2025, The Dolphin Company —la multinacional mexicana que controlaba Plunimar— no logró renovar el contrato de alquiler del terreno donde funcionaba el complejo desde 1993. Los propietarios del predio, ubicado junto al Faro de Punta Mogotes, decidieron destinar las tierras a otros proyectos y el parque bajó la persiana. Sin ingresos por venta de entradas y con deudas acumuladas, la empresa dejó de pagar salarios y entró en cesación de pagos en enero de 2026. El Juzgado Nacional en lo Comercial N°20, a cargo del juez Eduardo Malde, declaró la quiebra directa el 20 de febrero de ese año.
Desde ese momento, todos los animales quedaron bajo la órbita de la Justicia. Ningún traslado ni venta puede realizarse sin autorización del juzgado.

Los diez delfines nariz de botella fueron trasladados a un acuario en Hurghada, Egipto. Viajaron en cajas especiales con agua y veterinarios a bordo durante todo el trayecto. Ese dinero se usó para pagar sueldos y sostener el cuidado del resto de los animales. Antes de la quiebra, The Dolphin Company había intentado también colocar ejemplares en instituciones de México, China y San Pablo, pero ninguna de esas negociaciones prosperó: las regulaciones internacionales sobre comercio de fauna marina bloquearon las operaciones.
Fuente: Infobae — Ver noticia original