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Los psicólogos coinciden: “Las personas que mantienen amistades de muchos años cubren la necesidad de volver a ser jóvenes”

Conservar o recuperar amistades de la infancia y la juventud puede cumplir una función emocional que va mucho más allá de la compañía.
Los psicólogos coinciden: “Las personas que mantienen amistades de muchos años cubren la necesidad de volver a ser jóvenes”

Con el paso de los años, muchas personas empiezan a mirar hacia atrás con una intensidad que no tenían durante la juventud o la adultez temprana. Aparecen nombres de antiguos compañeros, amigos de la escuela o personas con las que se compartieron momentos importantes y surge la curiosidad por saber qué fue de sus vidas.

Ese interés no necesariamente responde solamente a la nostalgia. Desde la psicología, reencontrarse con alguien del pasado puede funcionar también como una manera de recuperar contacto con la persona que uno mismo fue en aquella época. Un viejo amigo no recuerda únicamente acontecimientos compartidos. También conoció una versión nuestra que quizá ya no existe de la misma manera.

Por eso, mantener amistades durante décadas puede generar una sensación particular. Frente a alguien que estuvo presente durante la adolescencia o los primeros años de la adultez, una persona no necesita explicar quién era entonces.

Los recuerdos compartidos reconstruyen lugares, decisiones, deseos y formas de relacionarse que pueden haber quedado escondidos bajo las responsabilidades posteriores.

En ese sentido, volver a conversar con alguien conocido durante la juventud puede producir una experiencia de continuidad. No se trata literalmente de volver a tener veinte años, sino de recuperar durante un momento determinadas emociones, expectativas y recuerdos asociados con aquella etapa.

Los amigos antiguos también permiten revisar la propia vida

El psicólogo Erik Erikson desarrolló una teoría según la cual las personas atraviesan diferentes etapas psicológicas a lo largo de la vida. En las edades más avanzadas ubicó un conflicto entre la integridad y la desesperación, un período en el que tendemos a mirar hacia atrás y evaluar qué hicimos con nuestra existencia.

En esa revisión aparecen preguntas relacionadas con los logros, las decisiones tomadas, las relaciones construidas y las oportunidades que quedaron atrás. Los amigos de muchos años pueden convertirse entonces en una referencia especial porque comenzaron su recorrido en circunstancias similares y atravesaron, al menos en parte, el mismo período histórico.

Compararse con ellos puede ayudar a ordenar la propia historia. Saber qué ocurrió con antiguos compañeros, qué caminos eligieron y qué dificultades atravesaron ofrece un punto de referencia para interpretar la trayectoria personal y entender mejor cómo se llegó al presente.

Al mismo tiempo, esas relaciones pueden refrescar recuerdos positivos que habían quedado relegados. Una conversación sobre un viaje, una escuela, una fiesta o una experiencia compartida puede devolver detalles que parecían olvidados y generar una sensación de energía o entusiasmo asociada con la juventud.

Eso no significa que todas las amistades antiguas deban recuperarse ni que mantenerlas sea siempre beneficioso. Después de muchos años, dos personas pueden haber cambiado profundamente y descubrir que tienen valores, intereses o maneras de entender la vida muy diferentes.

También existe la posibilidad de reabrir conflictos antiguos. Si la relación terminó mal, un reencuentro puede ofrecer una oportunidad para aclarar lo ocurrido o pedir disculpas, pero también puede despertar emociones que habían quedado atrás. Por eso, la motivación para volver a contactar con alguien resulta importante.

En otros casos, la amistad simplemente se perdió por cambios de ciudad, trabajo, pareja o rutinas. Allí el reencuentro puede resultar especialmente gratificante porque no existe una ruptura previa que reparar, sino una historia que quedó suspendida por el paso del tiempo.

Las redes sociales facilitaron enormemente este fenómeno. Personas que décadas atrás probablemente nunca hubieran vuelto a encontrarse hoy pueden localizarse en pocos minutos y recuperar el contacto después de veinte, treinta o incluso cincuenta años.

Mantener esas relaciones puede aportar compañía, recuerdos compartidos y una sensación de identidad que las amistades más recientes no siempre pueden ofrecer.

Fuente: TN — Ver noticia original