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Jubilación: por qué cuesta dejar de sentirse necesario

La jubilación no solo implica dejar el sueldo y el horario. También significa perder estatus, vínculos y la sensación de ser necesario para los demás.
Jubilación: por qué cuesta dejar de sentirse necesario

La jubilación provoca una crisis de identidad ligada a la pérdida de estatus y reconocimiento social, según estudios psicológicos internacionales. Más allá del aspecto económico, los jubilados extrañan la sensación de ser consultados por su experiencia, un fenómeno que exige reconstruir el sentido de pertenencia mediante voluntariados, mentorías o proyectos personales.

Dejar de trabajar no solo implica despedirse de un horario y un sueldo, sino también perder el estatus social, las relaciones diarias y la sensación de ser necesario. Muchas personas que se jubilan sin decirlo abiertamente, extrañan ciertos aspectos de su empleo pasado, aunque no quieran volver a trabajar.

Durante décadas, el trabajo fue el único espacio donde se les pedía su opinión y experiencia de manera constante. Preguntas simples como “¿qué piensas de esto?” o “¿cómo lo resolverías?” se repetían todos los días, generando un sentido de pertenencia que desaparece de golpe al jubilarse.

¿Qué es lo que más extrañan las personas al jubilarse?

Un estudio realizado por sociólogos del Instituto Demográfico Interdisciplinario de los Países Bajos y la Universidad de Ámsterdam analizó a 1.004 jubilados neerlandeses durante varios años. Los investigadores examinaron cuánto extrañaban tres componentes clave: el dinero, los contactos sociales y el estatus.

Los resultados revelaron que algunos extrañaban sobre todo la conexión social, mientras que otros tenían más dificultades con la pérdida de estatus. En particular, quienes habían alcanzado cargos altos mostraban mayor problema para adaptarse a no ser quienes ocupaban esas posiciones.

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Dejar un cargo puede significar perder también un lugar desde donde expresar ideas y ser consultado. Por eso, aunque un jubilado no diga “extraño mi trabajo”, puede seguir contando historias laborales o iluminarse cuando alguien le pregunta por su especialidad, porque extraña el reconocimiento de su experiencia.

De la rutina a la reconstrucción personal: el desafío psicológico de dejar de ser “el experto”

Los psicólogos Prashant Bordia, Shari Read y Sarbari Bordia, de la Universidad Nacional Australiana, estudiaron la jubilación como una transición de identidad. Encontraron que el retiro requiere una reconstrucción personal: “algunas identidades anteriores ayudan a adoptar nuevos papeles, mientras que una identidad laboral muy dominante puede prolongar la transición y obligar a explorar nuevas formas de definirse”.

Una persona puede estar feliz de no tener jefe y a la vez extrañar que alguien valore su criterio. Puede disfrutar de las mañanas libres y, sin embargo, añorar la sensación de ser experto reconocido. Esa diferencia entre ser querido y ser necesario suele ser la que más pesa.

Más allá del descanso: las mejores alternativas para reinventarse en el retiro

La jubilación elimina en un día la confirmación constante que brinda el trabajo. Por eso, una de las tareas menos visibles del retiro es encontrar nuevos espacios donde la experiencia siga siendo valorada. Esto puede lograrse a través del voluntariado, mentorías, actividades comunitarias o proyectos personales.

El problema no es que el jubilado no sepa descansar, sino que está aprendiendo a sentirse relevante sin que nadie lleve su nombre a una reunión para preguntarle qué haría. Así, la jubilación se convierte en un proceso de redefinición que va más allá del descanso.

Fuente: El Destape — Ver noticia original