
La Ruta Nacional 5 completó la recuperación de sus 546,65 kilómetros entre Luján y Santa Rosa con financiamiento privado. Mediante la Resolución 1297/2026, Vialidad Nacional aprobó el Acta de Finalización de las Obras Iniciales de Puesta en Valor del Tramo Pampa, uno de los enlaces estratégicos entre las provincias de Buenos Aires y La Pampa.
Los trabajos, ejecutados por la concesionaria del tramo bajo supervisión del organismo nacional, estaban previstos para el primer año de contrato. Sin embargo, se terminaron en tres meses: la toma de posesión se produjo el 1 de julio de 2026 y el acta se firmó el 9 de octubre. Con este cierre, la Red Federal de Concesiones acumula casi 1.000 kilómetros rehabilitados.
Para el transporte de cargas, el dato tiene peso propio. La traza atraviesa localidades como Mercedes, Chivilcoy, Bragado, 9 de Julio, Carlos Casares, Pehuajó y Trenque Lauquen, en una de las principales zonas agrícola-ganaderas del país, con un elevado caudal de tránsito pesado. El estado de la calzada incide en tiempos de viaje, consumo de combustible y desgaste de unidades.
Bacheo, losas y banquinas: el detalle de las intervenciones
Las tareas se concentraron en recuperar la transitabilidad y la seguridad de la calzada. Incluyeron bacheo, fresado, sellado de fisuras, reparación y hormigonado de losas, además del perfilado y calce de banquinas en distintos puntos del recorrido, un aspecto sensible para los vehículos pesados que necesitan detenerse fuera de la cinta asfáltica.
Entre las intervenciones de mayor envergadura figuran las reparaciones de losas en las rotondas de Chivilcoy, Bragado y Pehuajó, puntos donde confluyen el tránsito urbano y los camiones de larga distancia. También se reconstruyeron pasarelas peatonales, con nuevas columnas y vigas, y se colocaron barandas metálicas de defensa en distintos sectores.
En materia de señalización, se ejecutó demarcación horizontal y se instaló y renovó cartelería, mientras que el mantenimiento abarcó la pintura de columnas de iluminación, la limpieza de alcantarillas y desagües, el corte de pasto y el acondicionamiento de la zona de camino, tareas que suelen quedar relegadas pero que inciden en la vida útil de la infraestructura.
Estas tareas tienen efecto directo en la operación cotidiana. Una demarcación visible reduce riesgos en la circulación nocturna, y un sistema de drenaje despejado limita la acumulación de agua sobre el pavimento, una de las causas habituales de su deterioro y de las demoras en los viajes durante las temporadas de lluvias.
Qué cambia para el transporte de mercaderías
Una calzada sin baches ni desniveles reduce el costo operativo por kilómetro para quienes trasladan mercaderías: menos roturas de neumáticos y suspensiones, menos paradas no programadas y velocidades de crucero más estables. Para los dadores de carga, esto se traduce en mayor previsibilidad en los plazos de entrega.

La Ruta 5 funciona, además, como una de las puertas de entrada a la Patagonia desde el área metropolitana. Por eso, el estado de la traza repercute tanto en el flujo agroindustrial de la región como en la distribución de bienes que avanzan hacia el empalme con la Ruta Nacional 35, en La Pampa, nodo de conexión con el sur del país.
La finalización de las obras también tiene implicancias en el esquema tarifario. Según informó Vialidad Nacional al adjudicar los tramos, los peajes ofertados en la licitación solo pueden aplicarse una vez que las concesionarias completan las obras iniciales y dejan las trazas en condiciones óptimas, por lo que la aprobación del acta es un requisito contractual cumplido.
Un esquema que se extiende a otros corredores
El Tramo Pampa fue adjudicado junto con el corredor Sur-Atlántico-Acceso Sur, que en conjunto suman 1.871 kilómetros en Buenos Aires y La Pampa, con contratos de 20 años de vigencia. Vialidad Nacional conserva el control sobre los niveles de servicio, las condiciones de seguridad y el cumplimiento de las obligaciones de cada operador, bajo un esquema de supervisión por resultados.
El programa prevé seguir sumando trazas. Según la información oficial difundida a mediados de año, ya se licitó la Etapa II-B, con más de 2.500 kilómetros sobre las rutas nacionales 7, 8, 9, 36 y 188, y se avanza con la Etapa III, que contempla cerca de 3.900 kilómetros en ocho provincias del norte y centro del país.
Si el ritmo de ejecución observado en la Ruta 5 se replica en otros corredores, la red troncal por la que circulan granos, alimentos y bienes industriales podría recuperar sus condiciones en plazos más cortos que los previstos. Para el sector logístico, el desafío será que ese estándar se sostenga durante toda la concesión, con mantenimiento continuo y controles efectivos.
Fuente: Infobae — Ver noticia original