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Quién es el dueño de las yeguas de polo que murieron tras ser alcanzadas por un rayo en el Jockey Club de San Isidro

Alejandro Checchi practica polo desde hace más de una década y comparte esa afición con su hijo; formado en el Colegio Cardenal Newman, desarrolló una carrera de más de cuatro décadas en el sector financiero y de inversiones
Quién es el dueño de las yeguas de polo que murieron tras ser alcanzadas por un rayo en el Jockey Club de San Isidro

Cuatro yeguas de polo murieron este miércoles tras haber sido alcanzadas por un rayo en el Jockey Club de San Isidro. Los animales, que pertenecían al empresario Alejandro Checchi, estaban atados a un poste y aguardaban el comienzo de su entrenamiento cuando se produjo la descarga, en medio de un cambio en las condiciones meteorológicas.

El episodio ocurrió en el predio del Jockey Club ubicado dentro del Hipódromo de San Isidro. Según pudo saber LA NACION, el rayo impactó sobre un cable de acero y provocó la muerte inmediata de los cuatro animales.

Cuatro yeguas de polo murieron el miércoles tras ser alcanzadas por un rayo en el Jockey Club de San Isidro

No hubo personas heridas de gravedad. La escena quedó registrada en videos que se difundieron rápidamente en las redes sociales. En una de las imágenes se observa a un trabajador acercarse a los animales, tendidos en el suelo, y revisar sus patas. A su alrededor, se ven restos de telas y madera desprendidos por el viento.

Quién es Alejandro Checchi, el dueño de los caballos

Checchi es socio del Jockey Club de San Isidro y practica polo desde hace más de una década. Según fuentes consultadas por LA NACION, suele participar en torneos de bajo handicap, competencias en las que se enfrentan jugadores con una calificación de juego más baja, en comparación con la de los profesionales de mayor nivel.

En sus redes sociales, el empresario comparte imágenes de prácticas y partidos, así como recuerdos de distintas competencias. Entre las publicaciones aparecen referencias a la Copa Polo Newman 2013 y a su participación en la Copa Príncipe de Gales de ese año con Hurlingham Polo Club.

Alejandro Checchi es socio del Jockey Club de San Isidro y practica polo desde hace más de una década

Su vínculo con este deporte también se refleja en las fotografías de su hijo, quien jugó para Greenville Polo Club y Core Capital, equipo que lleva el nombre de la empresa para la que ambos trabajan.

Además de la actividad ecuestre, Checchi acostumbra a subir postales relacionadas con otras aficiones, como el kitesurf, el esquí y el golf, así como publicaciones vinculadas con el club de sus amores: River Plate.

En el ámbito profesional, cuenta con una extensa trayectoria en el sector financiero y de inversiones. Estudió en el Colegio Cardenal Newman, de San Isidro, y tiene domicilio fiscal en San Jacinto, en el departamento de Canelones, Uruguay. Desde octubre de 2018 se desempeña como managing partner de Core Capital Group, donde trabaja junto a su hijo, quien ocupa el cargo de financial advisor desde febrero de ese año.

Checchi tiene además una extensa trayectoria en el sector financiero y de inversiones

Su carrera profesional comenzó en el sector bancario: entre 1984 y 1985 fue trainee en Citi y, luego, trabajó en Banco República, entre 1985 y 1990, en el área de crédito. Posteriormente, estuvo a cargo de EM Trading en ProInvest, entre 1990 y 1994, y se desempeñó en el área de ventas de Banco Finansur hasta 1995.

Ese año ingresó en Wells Fargo Advisors, donde ocupó el cargo de managing director hasta abril de 2009. Más tarde, fue director financiero (CFO) y socio sénior de Global Wealth Management, entre 2009 y 2019.

Alejandro Checchi y su hijo, con quien comparte la afición por el polo

En paralelo, desarrolló actividades en otras compañías vinculadas con las inversiones y los negocios. Entre agosto de 2015 y noviembre de 2018 fue socio de IBILLIONAIRE, firma que, según su perfil profesional, cotiza en la Bolsa de Nueva York (NYSE).

Desde diciembre de 2015 también figura como socio de Moni Online, una empresa argentina de tecnología financiera que ofrece servicios financieros digitales y una billetera virtual.

A estos antecedentes se suma su actividad como socio de negocios de Aristopet, desde febrero de 2019, además de su función al frente de Core Capital Group.

Cómo fue el episodio en el Jockey Club

Las cuatro yeguas se encontraban en la cancha 6 del Jockey Club de San Isidro, dentro del predio del Hipódromo. Estaban atadas a un poste y esperaban el comienzo del entrenamiento cuando se produjo la descarga eléctrica.

De acuerdo con fuentes cercanas al caso, el fenómeno ocurrió de manera aislada, en un contexto de condiciones meteorológicas inestables. La mañana había comenzado soleada, pero el cielo se oscureció en cuestión de minutos antes de la caída del rayo.

Después del episodio, se realizaron consultas con el sector de golf del Jockey Club, que dispone de un sistema de radares para detectar rayos debido al riesgo que representan las descargas eléctricas durante la práctica de ese deporte. Según la información recogida por este medio, no había habido una advertencia previa sobre la probabilidad de un episodio de esas características.

Las cuatro yeguas se encontraban en la cancha 6 del Jockey Club de San Isidro, dentro del predio del Hipódromo, cuando ocurrió la tragedia

La descarga impactó sobre un cable de acero y causó la muerte de los cuatro animales. No hubo personas heridas de gravedad, aunque uno de los petiseros —los trabajadores encargados del cuidado, la alimentación, la higiene y el entrenamiento de los caballos— sufrió una leve descompensación y fue trasladado a un hospital.

De acuerdo con un informe veterinario al que accedió este medio, la diferencia entre el desenlace de los animales y el del trabajador se explica por factores físicos y anatómicos.

Cuando un rayo impacta contra el suelo, la corriente eléctrica se propaga por la superficie y puede generar diferencias de tensión entre distintos puntos. En los caballos, la distancia entre las patas delanteras y traseras habría favorecido que la descarga atravesara sus cuerpos. A esto se suma que, por la disposición horizontal de su anatomía, la corriente pudo recorrer una trayectoria que comprometió el corazón y provocó una muerte fulminante.

En el caso del petisero, la posición de pie y la separación entre los puntos de contacto con el suelo pudieron reducir la corriente que circuló por su organismo.

Además, según el documento, las herraduras metálicas y la humedad del terreno habrían favorecido la conducción de la electricidad hacia los animales.

Fuente: La Nación — Ver noticia original