“Hola, ¿está interesado en ganar 100 mil pesos?“: el submundo de las estafas que esconden los mensajes anónimos que llegan a WhatsApp

  • Provienen de teléfonos del exterior y ofrecen propuestas laborales vinculadas a realizar tareas en redes sociales.

+27 74 864 2482 escribe por WhatsApp: Hola, Este es un mensaje de R. Human Resources. Nuestra empresa ahora está reclutando personal, ¿está interesado? Puede ganar hasta 25,000-100,000 pesos por día, libertad de riqueza, negocios secundarios para ganar dinero.

El número no aparece agendado, la característica es de un celular de Sudáfrica. El titular de la línea se llama “Qohsk” según su tarjeta de ID de WhatsApp y no sabe explicar cómo consiguió este teléfono. Pero argumenta que tiene una propuesta laboral de no creer: darle Me Gusta a videos de YouTube a cambio de $300 por cada clic.

Es una modalidad de estafa que viene repitiéndose desde hace un tiempo pero que se potenció en los últimos meses según el relato de al menos una decena de personas que hablaron con Clarín y comentaron haber recibido este tipo de mensajes anónimos.

El anzuelo son presuntas ofertas laborales para ganar plata con una acción sencilla como darle Me Gusta a publicaciones de Facebook o mirar videos de YouTube. “Tareas”, le llaman los estafadores, a partir de las cuales el emprendedor va sumando dinero para cobrar más adelante.

Es la puerta de entrada a un juego que luego devendrá en un esquema tipo ponzi. Uno que puede esconder un negocio multimillonario que explotó tras la pandemia y nace en Asia, donde tiene ramificaciones que incluyen trata de personas o lavado de activos.

De acuerdo a los testimonios recopilados, en las últimas semanas llegaron olas de mensajes de teléfonos celulares registrados en países como Sudáfrica, Nigeria, Indonesia o Uganda pero también hubo casos del área de Nueva York, en Estados Unidos. Al presentarse, utilizan como pantalla empresas que realmente existen.

Los mensajes que llegan por parte de los estafadores de WhatsApp. Vienen de teléfonos con características de múltiples países.
Los mensajes que llegan por parte de los estafadores de WhatsApp. Vienen de teléfonos con características de múltiples países.

“Son una plaga. Me escribieron esta semana desde Yemen y a varias amigas ya les pasó. Hace un rato a mi hermana. Te mandan un ‘Hola’ o una foto de la nada”, cuenta Melina (24). En su caso los bloqueó directamente por miedo, sin darle chance a nada. Otros usuarios, como Adrián (37), le siguieron el juego para entender de qué iba.

Según pudo reconstruir Clarín en base a testimonios y capturas de pantalla, la oferta comienza con un mensaje de introducción, el cual muchas veces está redactado en un español bastante rústico. El captador explica que le enviará al usuario tres videos de YouTube, a los que debe darles Me Gusta. Luego sacar captura de pantalla para probar que la tarea fue completada. Por cada uno de ellos, se acreditarán los 300 pesos.

El paso a paso

“Felicitaciones por completar con éxito la tarea. Para recibir su salario, únase a nuestra recepcionista en Telegram. Ella te pagará y te guiará a través del resto del proyecto. Dicho ‘necesito mi cheque de pago, he terminado’ y ella te guiará por el proceso”, explica el sudafricano Qohsk. La transcripción es literal y deja entrever el uso de algún traductor online.

En esta segunda instancia hay que pasar de WhatsApp a Telegram y aparece “Recepcionista Jesse”, otro miembro que sigue con el proceso de bienvenida a la empresa fantasma. Pide una serie de datos de contacto y una cuenta bancaria para hacer una transferencia por el monto del primer trabajo.

Esta es una etapa clave dentro del esquema ya que desde Telegram buscarán despejar todas las dudas que pueda tener la víctima. Para ello, envían links de las webs de las empresas oficiales o suman a grupos con otros usuarios que cuentan sus casos de éxito mostrando capturas de pantalla.

Pero el golpe de efecto para generar la confianza es que el primer trabajo se paga efectivamente, según narraron tres personas distintas. Son montos bajos, que apuntan a diluir cualquier duda que se pueda tener. Con desconfianza y más por curiosidad que otra cosa, Sebastián (32) les dejó el CBU de una billetera virtual que tenía. “Me transfirieron 800 pesos y me remarcaban que era para que vean que son confiables”, dice.

Esta es una estrategia que se conoce como “Carnicería de cerdos” (“Pig butchering”), donde a la víctima la llenan de gestos de confianza (micropagos en este caso) para que crea que es todo real y luego desaparecer cuando haya depositado un monto grande. El nombre está vinculado al acto de engordar un cerdo para después carnearlo. Son estafas que pueden demandar desde algunos días hasta meses según la víctima y el monto. Según datos del FBI, solo en Estados Unidos se registraron pérdidas por más de 2.600 millones de dólares con este método.

El paso a paso de las distintas tareas que recibió un usuario y los micropagos que recibió. A este esquema se lo conoce como "Carnicería de cerdos".
El paso a paso de las distintas tareas que recibió un usuario y los micropagos que recibió. A este esquema se lo conoce como “Carnicería de cerdos”.

En el caso de Adrián, por ejemplo, les siguió respondiendo y cumplió varias tareas pensando que podía funcionar. Después de escribir algunas reseñas en Google Maps, le sumaron una nueva que le empezó a hacer ruido: pedían que haga una transferencia a una cuenta que ellos le indicaban. Son “tareas financieras”, según le llaman. Como era de un monto menor al que venía ganando al momento, accedió. A las horas le devolvieron con intereses el pago.

Así siguió durante varios días más, mientras se elevaban los montos. Pero se bajó cuando aumentó de golpe el número: ya le pedían depósitos de hasta 250 mil pesos, con la promesa de recibir 350 mil. Al negarse a seguir le quedaron adentro unos 10 mil pesos que no le quisieron devolver.

“La gente no ofrece trabajo así. No se hace por WhatsApp, nadie te regala nada. Cualquier cosa que se presente de esa forma es una ilusión“, explica Horacio Azzolin, fiscal de la Unidad Fiscal Especializada en Ciberdelincuencia (UFECI).

Hace unos meses emitieron una alerta por la disparada de este tipo de formas de aproximarse a la víctima. “Los fraudes de reclutamiento son modalidades antiguas, pero se incrementaron durante la pandemia donde había mucho procesos de selección remotos y la gente entregaba datos personales. Ahora le dieron una vuelta de tuerca con esquemas de trabajo remoto donde te dan tareas y vas poniendo plata”, agrega Azzolin.

Un call center de estafas

Si bien pueden parecer burdas algunas veces, estas estafas son llevadas adelante por bandas criminales que operan a gran escala y tienen instalados auténticos call centers que pueden operar las 24 horas mandando mensajes según el tamaño de la banda. Una red con internet, VPN para camuflar las direcciones, traductores online, herramientas de IA y manuales donde se detalla el “know how” de cómo llevar adelante la estafa paso a paso.

“Funcionan como pequeñas empresas del crimen, con todo un procedimiento, reglas y hasta métricas y objetivos” explica una fuente vinculada al sector de ciberseguridad.

Y agrega un dato de mercado clave para desmantelar la estafa: $ 300 por un solo clic es muchísima plata. “Los pagos por clics muchas veces son automáticos (hechos por bots) y las que emplean mano de obra humana no suelen ‘hacer clic’, sino que resuelven cosas un poquito más complejas, como captchas”, remarca. Por ejemplo, quienes sí pagan por clics ofrecen un dólar por cada 1.000.

“El esquema en parte es como un ponzi/piramidal. Cobrás y te quedás convencido de que pagan hasta que un día dejás de cobrar. Esa gente encuentra una víctima grande, que cae varias veces en el ciclo y les deja una suma grande. El estafador reinvierte parte de esa suma para pagarle a nuevas víctimas. Y no pierde, porque si una eventual víctima se retira antes, lo hace con poca plata”, narra.

Nahuel (37), por ejemplo, cuenta que logró cobrar unos 10 mil pesos a lo largo de unos cuatro días por estas tareas. Eran pagos que venían de cuentas de Ualá o Mercado Pago, por montos chicos, a nombre de ciudadanos argentinos que, por el documento, rondaban entre 25 y 28 años.

En su caso incluso recibió el llamado telefónico de un operador, que se le presentó para asegurarle que era un negocio de confianza. Tenía acento argentino, sostiene. Después de unos cuatro días, comenzaron a exigirle que sus tareas incluyan hacer transferencias. Ahí se bajó.

Si bien las bandas podrían llegar a tener estructuras montadas en el país, otra explicación posible es que funcionen con un referente local. “No es una persona sola mandando mensajes, son estructuras importantes las que hacen falta para mantener la escala”, reseñan desde ciberseguridad.

Made in Camboya

Si bien las estafas virtuales existen desde hace décadas, los ataques de “carnicerías de cerdo” a gran escala explotaron tras la pandemia en países del sudeste asiático como Myanmar, Laos, Tailandia o Camboya. Este tipo de estafas además esconden un negocio más turbio atrás, y es que suelen estar montadas en base a mano de obra esclavizada producto del tráfico de personas.

Las bandas criminales más grandes pueden recaudar hasta 400 mil dólares por semana. Foto iStock
Las bandas criminales más grandes pueden recaudar hasta 400 mil dólares por semana. Foto iStock

Según un informe de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito de septiembre de 2023, estos grupos criminales son organizaciones se dedicaban a los casinos en el sudeste asiático pero debieron reconvertirse tras la pandemia cuando se cerraron las fronteras. Reconvirtieron las salas de casino en call centers. Como les era difícil reclutar personal para que trabajen ejecutando las estafas digitales, montaron un primer engaño: ofertas laborales falsas.

“Las personas son reclutadas a través de puestos profesionales anunciados, como programadores, vendedores o especialistas en recursos humanos, mediante lo que parecen ser procedimientos legítimos que pueden incluir más de una ronda de entrevistas”, explica un informe de la ONU.

Son perfiles profesionales, graduados muchas veces. Los buscan por la mejor oratoria o por manejar varios idiomas. La ONU remarca que las condiciones ofrecidas en estos anuncios fraudulentos suelen ser muy atractivas y ofrecen relocalizarse en Bangkok u otros centros regionales. Pero al llegar se les retiene el pasaporte, o son llevados con engaños a otros países donde funcionan los call centers.

Según los informes de los centros que han podido desmantelar, las víctimas denuncian que están encadenados a los escritorios, son amenazados o incluso torturados en largas sesiones de trabajo. Se les dice que tienen además una deuda, por lo que deben trabajar hasta cubrir el monto antes de poder recuperar la libertad. En otras, son vendidos a otros centros como mano de obra esclavizada.

ONU estima que solo en Camboya puede haber hasta 100 mil personas cautivas por este tipo de bandas, los cuales muchas veces cuentan con la cobertura de algún funcionario político de alto nivel o un magnate local que les brinda protección.

El mismo informe le pone números: Sin citarlo, indica que en uno de los países más afectados del sudeste asiático, por ejemplo, las estimaciones más conservadoras rondan entre 7.500 y 12.500 millones de dólares de ganancias para las bandas, lo que supone casi la mitad del PBI de ese país.

“Por ejemplo, un grupo de diez ciudadanos turcos víctimas de trata puestos a hacer estafas recaudan casi 400 mil dólares a la semana”, remarca un investigador citado por ONU.

Aunque suene lejano, este esquema de tráfico ya tuvo ramificaciones latinoamericanas el año pasado. Primero en Brasil, donde la cancillería logró repatriar en noviembre a diez ciudadanos que habían viajado a Asia con promesas falsas de trabajo. Una joven de 25 años relató a O Globo que estuvo casi 4 meses presa de las milicias, realizando estafas cripto a ciudadanos de Estados Unidos.

Pero el mas fuerte ocurrió en septiembre, cuando la Policía Nacional de Perú desmanteló un call center que se había montado en La Planicie, un exclusivo barrio privado en las afueras de Lima.

El call center instalado en un barrio cerrado de Lima y que se dedicaba a realizar estafas virtuales (Policía Nacional de Perú)
El call center instalado en un barrio cerrado de Lima y que se dedicaba a realizar estafas virtuales (Policía Nacional de Perú)

Allí operó la mafia Dragón Rojo, de Taiwán, que había alquilado una mansión donde tenía retenidos a más de 50 ciudadanos de Malasia que habían sido llevados bajo promesas de trabajo en un casino. Pero las condiciones eran otras. Se les retuvo el pasaporte, les exigían trabajar diez horas, cumplir una cuota de 100 llamadas diarias y tenían permitido apenas una comida. Además eran golpeados y dormían en colchones en el suelo.

La mansión además tenía las ventanas tapiadas y paneles acústicos instalados en las paredes, para que no se puedan oír de afuera las torturas ni las llamadas. La policía peruana estima que el grupo invirtió casi 200 mil dólares en acondicionar la residencia, en una operación que cayó cuando dos chicas lograron escapar por un alambre para pedir ayuda. Proyectaban ganar 5 millones de dólares solamente en ese centro.

El misterio de los números

En cuanto a la forma de trabajar, los especialistas consultados por Clarín coinciden en que las bandas suelen comprar chips SIMs internacionales por lotes a nivel mayorista, o incluso usar eSIMS, lo que facilita tener líneas de varios países. Esto hace posible que puedan operar en cualquier parte del mundo, aunque sí requieren lugares con cierta infraestructura para instalarse.

Pero uno de los puntos más preocupantes es la facilidad para conseguir números de teléfonos a nivel masivo: nacen de filtraciones de datos que se repiten a diario y se venden a bajo costo en mercados paralelos. Eso explicaría la oleada de mensajes de las últimas semanas, una banda con gran capacidad que accedió a una base con centenares de números de Argentina.

“El tema es que esos datos son absurdamente baratos. Y las posibilidades infinitas. O sea, es muy fácil recuperar el dinero. Capaz pagás $10-30 por una base de esas y con un par de estafas muy simples como el robo de WhatsApp ya amortizas el costo”, explican desde el sector.

Un negocio difícil de creer para algunos pero que, sin embargo, está en pleno auge y no deja de crecer.

AS